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La Remuneración de los ejecutivos: El problema no son las cifras, sino la (falta de) inteligencia.

Los altos directivos y los ejecutivos en general siguen, desde hace ya bastante tiempo, en el punto de mira de la crítica social. Durante los pasados años de bonanza, en los que, en todo el mundo, se promulgaron reformas sustanciales en los sistemas y prácticas de Gobierno Corporativo, los directivos fueron, en contraste con, por ejemplo, accionistas, o firmas de intermediación (desde “headhunters” a “agencias de rating”) los sospechosos habituales.  Los motivos de desconfianza eran, entre otros, el dominio abusivo de los Consejos de Administración aprovechando su conocimiento íntimo de las empresas, de auto determinar sus propios salarios, de implantar estrategias ventajistas que optimizaban las variables por las que eran evaluados (por ejemplo, crecimiento, etc.). Esta crítica se extendía tanto a directivos ejecutivos como consejeros. Se decía, por ejemplo, de los consejeros, a los que nadie controlaba, que eran como alumnos que se ponían, y después corregían, sus propios exámenes.

Aquellas críticas palidecen en comparación con las actuales. La tremenda situación económica que estamos viviendo (por incierta además de grave) está añadiendo mordiente a una deslegitimación progresiva de la función directiva, lo que es muy preocupante.

Las características de la situación actual que provocan una deslegitimación progresiva de la función directiva son las siguientes. Primero, una cuestión ajena a los propios directivos. En épocas de crisis se buscan siempre chivos expiatorios, se generan ambientes de escándalo, y qué chivo expiatorio mejor que los nuevos ricos, aquellos que , . Los directivos (y aquí los diferencio de los grandes propietarios que también son ejecutivos y que por estar tan alejados no son objeto de comparación—la envidia siempre requiere cierta cercanía)

Otras razones son auto infligidas. Prácticas como aumentos de remuneraciones autoadministrados en épocas que las empresas,. Incluso el mero mantenimiento de salarios cuando en la propia empresa se puede . Aquí el tema es la desigualdad de sacrificio.

Los altos directivos han perdido inteligencia social y política porque no la han tenido que utilizar en años de bonanza, y porque una ideología dominantes de los amparaba. Ambas coartadas han desaparecido. La causa mayor. Y esta

Algunas conductas gremiales no ayudan. El posicionamiento público de la Patronal a favor del abaratamiento del despido no ha sido en mi opinión oportuno en la forma: hay maneras más discretas, más técnicas de hacerlo, en momentos en que un porcentaje creciente de la población se encuentra en el paro. No sólo hay que tener razón 

Son los jefes ejecutivos, por su posición estructural, los únicos con la capacidad de balancear el entono externo de la empresa (proveedores de capital, reguladores, etc.) con su entorno interno (como accionistas institucionales y empleados.). Son los únicos que por su gestión diaria pueden tomar decisiones que equilibren el corto y la sostenibilidad. Son ellos los únicos que pueden traducir las directrices estratégicas básicas emanadas de los Consejos en lenguaje y objetivos operativos. Son los únicos que pueden liderar procesos de cambio organizativo. Es más, “se la juegan” mucho más que accionistas e incluso que consejeros. Arriesgan remuneración y carrera. Son, por tanto, diciéndolo filosóficamente, el único actor “universal” de los implicados en el gobierno organizativo.

A mi me gusta reivindicar el papel social de los directivos y de los altos ejecutivos en especial. No me importan sus remuneraciones en cuanto monto absoluto. Su trabajo va a seguir siendo necesario, pero si no es apreciado socialmente será muy difícil atraer el mejor talento al mismo. Pero su incapacidad para me lo hace cada vez más difícil.

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